El escultor autodidacta Mario Pombo, que nació en Portugalete en 1966, heredó una parte muy importante de su vena artística de su padre. Siendo niño le llamaba mucho la atención los moldes que hacía en la fundición en la que trabajaba, lo que despertó su curiosidad e inquietud hacia el modelaje de materiales blandos: plastilina, masilla, escayola... Después de unos instantes de inspiración, sudor y mucho enpeño, cualquier masa maleable que caía en sus manos cogía todo tipo de formas. Las figuras humanas eran el motivo más recurrente en sus obras. Con mucho brío y después de recorrer Europa, observando y aprendiendo con humildad y constancia las técnicas y secretos de grandes maestros, Pombo logró desasirse de las cadenas que agarrotaban su mente y sus manos. También estudió al detalle la estructura, forma y relaciones de las diferentes partes del cuerpo del ser humano. Desde entonces, sus musculadas esculturas de estilo clásico dejaron de ser toscas y adquirieron personalidad y energía propia. Ejercen un gran poder de seducción y son el símbolo de ese universo en el cual el esfuerzo de los hombres y mujeres no acaba nunca de dominar la naturaleza. Aunque no tiene voz, todas sus obras hablan por sí mismas porque el cerebro y la voluntad de Pombo les ha activado, además de los musculos, el alma. Con una técnica muy pulída y un estilo definido, Mario Pombo evolucinó a la escultura detallista en barro refractado. Las piezas las cuece en el horno una primera vez a 800 grados centígrados, tras esto las pinta con esmaltes como por ejemplo oxidos o engobes y finalmente cuece de nuevo a 1.200 para el acabado final. Después, sigue la fidelidad de los materiales a la tierra, las bases donde descansan las figuras son de madera de robles como haya, roble... El motivo de su obra, gestada en los Montes de Hierro, se centra principalmente en escenas de trabajo, deportes, estampas vascas y superhéroes de ficción. En todas sus esculturas detiene y magnifica para la eternidad un gesto o una postura decisiva con la que exagerar e inmortalizar la rudeza, sacrificio, voluntad, constancia y vigor de los duros oficios de épocas pasadas o personajes. Mario Pombo es el maestro del equilibrio y de la congelación vital del movimiento.